En “Cómo se prostituyen las pobres” por Luisa Capetillo, se discute la explotación de las mujeres por hombres en dos escenas breves que nos muestra dos tipos de mujeres, una pobre y una rica, y cómo de algún modo, están vendidas y aprovechadas. La yuxtaposicion entre las mujeres con estados socioeconomicos que son notablemente diferente sirve para enfatizar la significancia de su experiencia compartida. Capetillo empieza con el cuento de la prostituta, dándonos un vistazo a los motivas que le habían conducido hasta este punto. En una conversación bien interesante con un hombre joven, ella revela que ha elegido este trabajo por desparación diciendo, “¿pero qué recurso me queda?”(299) Esta pregunta, con otras preguntas retoricales, funcionan para estructurar la escena y y para enraizarse en un curso de pensar común.

Ella continúa explicando al hombre que al final, la “puridad” de la vida que alguien ha vivido no tiene importancia, entonces ¿qué sentido hay en vivir una vida mas despreciada cuando todos somos iguales en la muerte? El uso de estos tipos de preguntas retóricos funcionan en una manera meta en el sentido que conectan con la escena siguiente con la mujer rica, y nos desafían reevaluar nuestros constructos sociales de qué tipo de estilo de vivir es “aceptable” para una mujer, y ¿porqué tenemos estas expectativas?
“¿Por qué esta virtud no la hace inaccesible a la podredumbre en la sepultura? ¿Por qué no evita la hediondez de la fermentación en la fosa? ¿Si enterrasen dos niñas de igual tamaño y edad, una virgen inmaculada, otra roída por el vicio y la miseria, la tierra respetará a una más que la otra? ¿Se liberará la virgen de los gusanos?”
páginas 299-300
La prostituta en esta escena dramática hace una conexión entre las situaciones similares de dos mujeres con vidas contrastantes. Vemos en la segunda escena dramática un ejemplo de una mujer con una vida diferente que la prostituta, pero todavía se enfrenta con ser vendida.
Capetillo sigue con la segunda escena con una joven, enamorada DE alguien pero comprometido a otro, según los deseos de su padre. Ella discute con su amante en una confrontación llena de melodrama y explica por qué tiene que casarse con alguien más. Defensiva y triste, ella entrega la explicación ominosa, “es mi padre, y debo obedecer.”(301) La idea de “deber obedecer” propone el concepto de no tener la opción de tener autonomía, y recordamos esta idea que explicaba la prostituta cuando describe la condición de ser mujer. Increíble, que una frase tan corta puede empujar y promover un tropo tan poderoso: la sumisión de la mujer al deseo del hombre. Fortuitamente, la mujer rica huye con su amante y presumos que viven felices para siempre. Interesante que en contraste, Capetillo deja a la mujer pobre en los brazos de un borracho. Dudo que sea por coincidencia que la mujer más rica tuvo una oportunidad para escapar su venta que la pobre no compartió. Capetilla es de la clase obrero entonces tiene sentido que escogió demonstrar las diferencias de oportunidad con personas de clases distintas.
Capetillo usa un diálogo intenso entre una mujer y un hombre en cada escena, preguntas (algunas retóricas), y una yuxtaposición entre las dos mujeres para mostrar que “la prostitución” no sólo pertenece a las mujeres que se prostituyen en las calles. Más, es un evento que supercede las fronteras de clase y se implemente en todos casos en que una mujer tiene que someterse al deseo del hombre para mantenerse. En un caso, prostitución, y en otro, un matrimonio forzado.
Capetillo, Louisa. “Cómo se prostituyen las pobres”. Puerto Rico, 1916.

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